Ilustración de Giovanni Tazza para diario El Comercio

Elmer Cáceres Llica, el pragmático

Ilustración de Giovanna Tazza para El Comercio

El camino de la protesta contra Tía María, a diferencia del 2011 y 2015, –cuando  Juan Manuel Guillén y Yamila Osorio eran gobernadores de Arequipa, pero no tomaron partido por el movimiento antiminero–, ha encontrado a un gobernador regional que está dispuesto a asumir su papel en esta historia. Elmer Cáceres Llica.

La mirada de la opinión pública limeña de Elmer Cáceres Llica es limitada. Se sobredimensiona la fuerza de su influencia en las protestas, se desconocen sus fortalezas y al mismo tiempo se ignora cómo acceder a él. Se ha olvidado que si algo pudo hacer en su carrera política es liderar una protesta social, como lo hizo cuando fuera alcalde de Caylloma.

Rechazado a inicios del 2019 por las fuerzas de la izquierda nacional, Cáceres Llica no fue invitado al cónclave de Huancayo, donde se hicieron presentes Vladimir Cerrón, Verónica Mendoza, Gregorio Santos, Zenón Cuevas, Luis Villanueva y un representante de Walter Aduviri. Con Cerrón y Aduviri en la cárcel, los líderes de opinión de la Encuesta de Poder de Ipsos Perú (Semana Económica, 2019) lo han catapultado como el más poderoso «líder regional» y el personaje «más desestabilizador» del Perú. En menos de dos meses, se ha alzado como el primer y más fuerte opositor político de Vizcarra lejos de los círculos palaciegos y del Congreso.

Cáceres Llica ya había tenido sus desencuentros con los grupos de izquierda del sur del país, en especial con Aduviri. En el fondo Aduviri cuestionaba que un personaje tan polémico moralmente se irrogara la causa de la izquierda. Pero lejos de acomplejarse por el desprecio de las fuerzas de izquierda, Cáceres Llica esperaba su momento político. No necesitaba un respaldo gremial de izquierda porque Tía María le iba a brindar una plataforma sin precedentes.

Algunos preferirían etiquetarlo como un populista de izquierda, para asemejarlo a Evo Morales, pero más allá de los trajes esa comparación es incorrecta. No ha gozado de un mayoritario apoyo a diferencia del boliviano y tampoco se ha rodeado de funcionarios de izquierda. Por lo contrario, ni su candidatura entonces, ni su gobierno hoy, son respaldados con contundencia y recientes sondeos ubican su aprobación en torno al 15% (INEI, enero-junio 2019). Sus principales asesores son tecnócratas que han trabajado ya en gestiones anteriores como en las de Juan Manuel Guillén, que no comparten posturas antimineras. Entonces ¿cómo definirlo políticamente?

Fundamentalmente es un político pragmático, no es un líder antiminero. El movimiento antiminero en el Valle de Tambo está más ligado a partidos como Nuevo Perú y el Frente Amplio. En varias oportunidades en campaña, Cáceres Llica ha manifestado su respaldo a la inversión minera, siempre que cuente con el respaldo de la población. Esos discursos no se han visto aún en Lima. Tía María le representaba una ventana política irrechazable. Juan Manuel Guillén se encumbró en el poder después de una protesta social conocida como el Arequipazo en el 2002. Quizá Elmer Cáceres vio en Tía María esta oportunidad.

Experto en la protesta social, ha conseguido reunir a frentes de alcaldes y regidores de Islay y dirigentes del Valle. Muchos creyeron que el conflicto moriría al estar descabezado, porque su anterior líder, Pepe Julio Gutiérrez estaba tras la reja. Pero allí apareció Cáceres Llica, y su impronta de líder de protesta. Todo el Ejecutivo ya le ha respondido e incluso se desplazaron a una mesa de diálogo propiciada por Cáceres Llica, donde el Presidente Vizcarra no pudo torcer la protesta e incluso fue grabado exponiendo su personal postura en torno a Tía María.

Si algo debería quedar claro es que Cáceres Llica no va a doblegarse. Pero en la agenda aparece Perumin, la segunda convención minera más grande del mundo, que está a punto de desarrollarse en Arequipa. Este espacio debería ser el escenario más propicio para la reconciliación entre el Ejecutivo, Cáceres Llica –que ha sido invitado como panelista–, y el empresariado minero. Más allá de los desencuentros Lima debe entender que el Perú se gobierna también desde las regiones.

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