Pasando lista

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Keiko Fujimori, ha lidiado la primera vuelta con talante taimado, incluso ha pasado del silencio esquivando entrevistas con éxito. Quizá haya sido la candidata que más política al interior del país haya hecho desde que perdiera con Humala el 2011. No hay que ser mezquinos. Keiko ha hecho una buena campaña, la firma simbólica de su compromiso en el debate presidencial, abona a favor del intento de disminuir su antivoto. Se ha vuelto caviar —dicen los más ortodoxos fujimoristas—, cuando pronunció el famoso discurso en Harvard o cuando sostuvo una nueva postura sobre la Comisión de la Verdad, quizá sea cierto, pero estos gestos provienen más de la astucia política para combatir los embates de la Fortuna, que de un convencimiento personal. Por ahora en ese juego maquiaveliano, ha usado bien sus recursos y no ha sido vapuleada por ninguno de sus oponentes.

PPK. Después de la agitada campaña del 2011, optó por competir sin ninguna organización política de alianza en campaña. Eso le costó. Se le vio carente de reflejos políticos y cuando su candidatura se acercaba a la extinción, revivió con mediano éxito, gracias al declive de Guzmán y a un mejor manejo en su equipo de campaña, cuando los políticos comenzando por Martín Vizcarra tomaron las riendas del toro. Pero en el momento de mostrarnos toda su impronta política —el mismo día del debate— terminó con un discurso monocorde. PPK no es político, no podemos pedirle que le salga el Churchill que lleva a dentro, porque a lo mucho encontraremos al funcionario de Wall Street del que no ha logrado despegarse. Quizá sospeche que el trasvase de votos será inevitable y que el miedo de un eventual gobierno de izquierda radical lo terminará favoreciendo.

Sobre Verónika Mendoza, hay que destacar que el Frente Amplio, preparó una candidatura de forma seria, aunque enrevesada y ha sabido ganarse un espacio en la política peruana, que nadie imaginó. Sin embargo Mendoza, no ha logrado nunca salir del discurso ideológico de izquierda tradicional para explicar la viabilidad de su propuesta económica ni política. Los torpes ataques de la derecha mediática, empezando por Aldo Mariátegui y Cecilia Valenzuela le dieron mayor visibilidad, pero de ninguna manera la debilitaron. Quizá lo que ha ocultado con mayor astucia es la gran multitud de funcionarios de la gestión de Susana Villarán en la Municipalidad de Lima y que hoy forman parte de su equipo. Esa endogamia le puede costar caro si pasa a segunda vuelta.

Barnechea, ha sido el candidato que en esta elección ha puesto otros temas de campaña. La renegociación del gas hasta hace un año era una locura, hoy hasta PPK ha abierto esta posibilidad. Su frontal ataque al modelo de estado fujimorista y la pretensión de convertir al Perú en un país de iguales, le costó el enfrentamiento con grupos de poder, que le dedicaron editoriales enteras. Tuvo la mejor lectura política de las necesidades de la clase media, representó un voto de aspiración y manejó los tiempos para crecer. Sin embargo la falta de asesoría mediática y la larga campaña terminaron por encasillarlo en la figura caricaturesca de un señorito gamonal que perdió credibilidad por no ponerse un sombrero ni comer un chicharrón. Ojalá la próxima elección lo encuentre ya mejor asesorado y con mayor cancha. Es que la historia política peruana es una comedia, se pierde por no comer fritangas, sin importar si eres o no un canalla.

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