Cuando Arequipa era una fiesta.

Por Gonzalo Banda Lazarte

Profesor UCSP. Twitter: @gonza_banda

Las próximas elecciones regionales y municipales en Arequipa penden de las decisiones de los principales invitados a la fiesta. Quizá nunca hemos dependido tanto de las resoluciones que tomarán en las próximas semanas nuestro Presidente Regional y nuestro Alcalde Provincial, para que, quienes nos dedicamos al estudio de la cosa pública, podamos armar el escenario sobre el que vayamos alimentando el debate de ideas que creemos necesario para Arequipa. En el fondo, muchos coincidimos en que la decisión de uno afectará en gran medida la resolución del otro.

El 5 de abril es la fecha señalada —como si de un sospechoso y caprichoso afán del destino se tratara—, para que las actuales autoridades elegidas tengan que renunciar a sus cargos si desean estar aptas para presentarse a una nueva elección. Y junio es el mes en el que se vence el plazo para aquellos que tengan afanes reeleccionistas. Hasta el día de hoy, sin embargo, el panorama no es muy complejo.

Primera hipótesis

Si el Dr. Juan Manuel Guillén decidiera postular a la reelección —hipótesis que ha ido sufriendo transformaciones a lo largo del año pasado e inicios de éste— pareciera ser que el Dr. Alfredo Zegarra no tentaría la Presidencia Regional.

Una posible justa entre Guillén y Zegarra nos dejaría en un escenario bastante polarizado, donde si bien podríamos anticipar un ajustado triunfo del hoy alcalde, no contamos con el talante carismático que podría poner en pocos meses al Dr. Guillén en carrera.

Su legitimidad de caudillo y su descomunal manejo de bases sociales, son los principales aliados del actual Presidente Regional, y pareciera ser que en Arequipa eso basta para echar por tierra la gran desaprobación ciudadana de su gestión regional.

Otro escenario

Si el Dr. Guillén declinara su postulación, el panorama se abre para muchos contendores, pero en especial para el Dr. Alfredo Zegarra, que si bien tendría que competir con algunos candidatos como Jaime Mujica, Daniel Vera Ballón o la misma Yamila Osorio —que en los últimos meses se ha posicionado como un cuadro político muy prometedor—, no dudaría en intentar la postulación a la Presidencia Regional.

Es en este escenario que Arequipa Renace —el movimiento regional del Alcalde Zegarra—, presentaría a la Municipalidad Provincial a Omar Candia, popular alcalde de Alto Selva Alegre. Sin embargo para nadie es un secreto que en los pasillos de El Filtro y de los edificios de la Av. Kennedy, se escuchan rumores de un posible pacto electoral entre los movimientos del burgomaestre provincial y del actual presidente regional, si esta alianza no florece pronto, el Dr. Zegarra tendrá que apurar una decisión en solitario y haciendo una apuesta generosa, si quiere tentar el Gobierno Regional.

Un Estado precario

El Perú es un país con instituciones y partidos políticos débiles, y por tanto cualquier reelección de una autoridad política, termina por dejar desconfianza y descontento.

Desconfianza porque el ciudadano duda de la intencionalidad de aquél que quiere permanecer en un cargo político, abrigando la sospecha de  intenciones ilegítimas y malsanas; y descontento en la autoridad porque al parecer el tiempo siempre es insuficiente para llevar a cabo los enormes y eficientes proyectos que aquella administración edil o regional, trabajadora de moral puritana, desea llevar a cabo y no puede.

En el fondo estas razones revelan  la precariedad del Estado y fueron anticipadas hace mucho tiempo por el sociólogo alemán Max Weber: la desconfianza niega la autonomía estatal y el descontento niega la eficiencia burocrática.

Por eso, no es el mejor escenario la reelección de autoridades, pero en un sistema democrático débil,  quizá los desajustes entre la modernización del Estado y la ausencia de personal calificado puedan darle cierto crédito a la falta de tiempo para acelerar reformas y obras, pueden estar justificadas.

Pero eso sí, mucho cuidado con el discurso que ya asoma en algunas autoridades reeleccionistas que lloran la desgracia de una “reducción drástica” de los ingresos por canon minero. Los últimos años han sido de vacas gordas,  pero en el pasado hubo gestiones que hicieron malabares eficaces por el desarrollo de Arequipa, sin la ingente cantidad de recursos que hoy manejan los gobiernes locales y regionales.

Aquello que parece una excusa anticipada debe transformarse en un reto mayor para los políticos profesionales. Ojalá que Arequipa, en elecciones, sea una fiesta.

Twitter: @gonza_banda

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