Memoria política del indulto

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Conceder un indulto es quizá una de las decisiones más políticas que el Presidente de la República puede tomar. El indulto es precisamente un acto político, una remisión de la pena impuesta por el Estado, haciendo uso del poder constitucional que el Jefe de Estado ostenta de acuerdo con el artículo 118, inciso 21 de la Constitución de 1993, se deja en suspenso la pena del que ha delinquido, sin eliminar la culpabilidad. Así que el Presidente del Congreso, Víctor Isla se equivoca cuando pide a las fuerzas políticas no politizar el indulto al ex Presidente Fujimori. El indulto es y siempre fue, fundamentalmente, un tema político. Pero debemos tener en cuenta algunos antecedentes para mejor entender este caso.

Cuando el ex presidente de los EEUU G. Ford, decidió indultar a Richard Nixon por el sonado escándalo de Watergate, o cuando el ex presidente argentino Carlos Menem decidió conceder la amnistía a los militares y civiles involucrados en los crímenes acontecidos durante la dictadura de Videla; ambos gobiernos tomaron una decisión altamente impopular, pues la gran mayoría de sus ciudadanos estuvo en contra de los derechos de gracia concedidos por Ford y Menem. El caso Fujimori tenía una gran diferencia, la mayoría de la población estaba a favor del indulto, lo que nos sugiere que la decisión tendrá un costo político. El tiempo lo hará saber.

Alberto Fujimori delinquió, qué duda cabe. Durante su gobierno, se instauró una clase dirigente corrupta que para perpetuarse en el poder, no dudó en perseguir, espiar, conspirar y judicializar procesos contra sus opositores. La prensa independiente fue exterminada de cuajo, los accionistas de los medios de comunicación fueron sobornados para alinear sus editoriales con las pretensiones del régimen y cuando eso no era posible, les fueron expropiados sus empresas con fallos judiciales que provenían de tribunales serviles al régimen. Fujimori mismo autorizó con su rúbrica un desembolso millonario -una gran pensión de jubilación-, para su asesor, Vladimiro Montesinos, cuando estallaron los escándalos mediáticos que hicieron patente la fetidez con la que manejó siniestramente la política nacional, desde una sala del SIN.

Por eso, mienten quienes niegan que Fujimori delinquió y es inocente. Fujimori burló la justicia nacional para refugiarse en territorio japonés y renunció a la máxima magistratura del Estado por fax, estando de gira en Asia por cuestiones oficiales. El peor legado del fujimorismo a la política nacional, fue justificar la corrupción, el miedo, la asociación ilícita y la persecución política, con el argumento falaz de la feliz realización de las urgentes reformas económicas y sociales que el Estado experimentó durante los noventa, como si el fin justificara los medios.

No hay peor enemigo de la justicia que el olvido. Fujimori no es un mártir que afronta una condena injusta. Dicho esto, podemos discutir la racionalidad del pedido de la familia Fujimori. Ellos presentaron una solicitud de indulto humanitario. No hay ningún tipo de excepción para no conceder el indulto humanitario (aquél que se concede por razones de deterioro de salud y avanzada edad principalmente). Mienten quienes sostuvieron que el Presidente Humala no podía indultar a Fujimori porque había sido condenado por delitos de lesa humanidad. Las únicas prohibiciones de indulto “ordinario” que están vigentes, pesan contra los perpetradores de secuestro agravado y violación sexual de menores. Pero la institución del indulto humanitario es especial y distinta del indulto ordinario. Supone, incluso, superar las limitaciones legales si es que el Presidente, en uso de sus facultades constitucionales, así lo decide en razón del estado de salud o la edad avanzada del condenado. No existe ninguna recomendación de las Cortes Internacionales para prohibir el indulto humanitario en ningún caso. Lo que existen son recomendaciones del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, para no conceder la amnistía en delitos de lesa humanidad. La amnistía, es otra clase de gracia presidencial, distinta del indulto, pues no sólo suspende el cumplimiento de la pena del delito, sino que elimina la posible o real culpabilidad del que delinquió, olvida totalmente el delito, a diferencia del indulto.

La Comisión especial que examinó el expediente presentado por la familia Fujimori, concluyó que no debía concederse el indulto. Lo hizo después de merituar la información médica y los supuestos establecidos por la R.M. 162-2010, que regula las solicitudes de gracias presidenciales. Deducimos -pues el informe es confidencial-, que no encontraron en el caso ni enfermedad terminal, ni enfermedad crónica cuyo estado se agrave con las condiciones del encierro. La prisión de Fujimori no es pues una cárcel inhumana, se trata de un régimen muy especial y con ciertas comodidades, es el único condenado en el Perú que cuenta con un centro penitenciario personal, donde recibe visitas diarias y tenía reuniones partidarias.

La actitud del fujimorismo tampoco ayudó a la causa del indulto. Insultar a Humala, defender la inocencia de Fujimori con su líder en prisión, con ese aire de quien desafía los resquicios de la memoria, no fue prudente ni inteligente. El comunicado de muchos intelectuales encabezados por Vargas Llosa, respaldando la decisión de Humala, da cuenta de este gran defecto. La soberbia y la falta de arrepentimiento. A Fujimori no le perdonan su indolencia. Las palabras que utilizó Fujimori fueron: “Perdón por lo que no llegué a hacer y por lo que no pude evitar”. Es decir si pecó, pecó únicamente de omisión. Qué distinto hubiera sido si Fujimori pedía perdón por lo que hizo, por sus actos, por algunas cobardías y felonías que sin dudas cometió.

El presidente Humala ha tomado una decisión que puede no ser compartida por los partidarios de Fujimori. Ha tomado una decisión política, lo ha hecho siguiendo las recomendaciones hechas por la Comisión encargada de pronunciarse en el caso Fujimori. Pudo no seguir las recomendaciones. Optó por dividir las aguas. Quizá lo cuestionable sea el tiempo que demoró y dilató innecesariamente el tema, algo de cálculo político hubo. Quizá Keiko Fujimori capitalice este golpe a futuro, no hay mejor aliado que la victimización política. Nos toca ahora, respetar la decisión presidencial, no endilgar calificativos ni culpar al gobierno de la suerte de Fujimori. Si Alberto Fujimori está en prisión, no es por culpa de Ollanta Humala, ni Toledo, ni García. Fujimori está en prisión fundamentalmente porque sus propios actos lo condenaron al encierro, y continúa en prisión porque quizá no tuvo el temple de pedirle perdón al país por los delitos que cometió. Nadie puede pedir un indulto mientras siga sosteniendo que fue el mejor Presidente de la historia del Perú.

Un comentario

  1. El fujimorismo –palabra que no sé qué pueda significar hoy. ¡que alguien me la explique por favor! A no ser rezago de una mafia, violenta, corrupta y corruptora; compuesta por familiares y disque amigos “muy oportunistas” del personaje más nefasto de los últimos tiempos en el Perú– exige en tono airado y cuando no prepotente, gratitud por parte de todos los peruanos hacia su líder Alberto Fujimori, por habernos librado del terrorismo, por haber mejorado la economía, y por todo lo bueno y lo positivo que su gobierno haya podido concretar.

    Y es cierto, no debemos ser ingratos. Debemos reconocer que ese gobierno tuvo aciertos, el principal –a mi parecer–seguir, mejor dicho ejecutar, lo pensado y planteado por el “fredemo”. Pero así como “debemos” agradecer lo bueno, tenemos también el “deber” de recordar, lo negativo… para empezar… en primer lugar: que se haya declarado súbdito del Imperio del Japón, para refugiarse en ese país y no responder así, por todos los delitos que luego se hicieran conocidos por todos.

    Renunciar –desde allí– al máximo honor a que un peruano puede aspirar, –dirigir el destino de todos los peruanos– como quien se deshace de lo que le repugna o de aquello que estorba, no es sino muestra –además de cobardía– de deshonor, de desarraigo y de una calidad humana inexistente.

    Haber corrompido a casi todos los políticos, militares y periodistas, que se dejaron tentar por el dinero, fue como inocular cáncer, en un ser de por sí enfermo. Denigrar nuestra conciencia colectiva con los psicosociales como: las vírgenes que lloraban, las vedetes que se prostituían, las lamidas de pies y axilas vistas en el programa de Laura Bozo, fue como llenar de estiércol la cavidad craneana de los peruanos.

    El robo –innegable– de dinero del estado, (visto en los vladivideos) montañas de dinero, para comprar conciencias tránsfugas junto con los cientos de millones que se repatriaron desde cuentas en el extranjero; fueron como robarle a un pobre hasta la sonrisa.

    Hoy nuestra sociedad es más corrupta y enferma que nunca antes, porque ese gobierno –el del “fujimorismo”– destruyó la menuda conciencia colectiva. Hoy la delincuencia encuentra impunidad porque: si hubo impunidad para crímenes, tan graves, ¿por qué no para delincuentes comunes también?

    El momento de lamentarse, ya pasó. Han pasado juntos, 12 años y tres gobiernos. Es hora –sin olvidar– de empezar a construir un nuevo país, una nueva sociedad, una conciencia integra, fundada sobre valores como: la verdad, la justicia, entre otros, el esfuerzo. Es hora de dejar atrás la mediocridad…. hora de dejar atrás aspiraciones absurdas como llegar al mundial de fútbol por repechaje, de aprobar con 10.45, en vez de aspirar a ser campeones o aprobar con 18 y ser excelentes.

    El indulto –del delincuente Fujimori– no sería otra cosa que la validación de aquel postulado que dice: “que si robas 5,000 soles irás a la cárcel, pero si robas millones no te pasará nada”. Los peruanos debemos estar de acuerdo en que GRATITUD DE NINGUNA MANERA SIGNIFICA IMPUNIDAD.

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