Sobre los modos de ganar una elección.

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Con sensatez, usted podría anticipar que después del desmadre económico que sufrió la administración de Barack Obama en los últimos años, hasta el más inexperto y adusto candidato republicano podría ganarle, sin mucho esfuerzo, el derecho a despachar en el Salón Oval de Washington. Pero nada más lejos de la realidad. Obama tiene en ciernes una candidatura expectante y robusta. Quizá no sean ni la captura de Bin Laden ni la polémica reforma de salud, las posibles piezas clave que emergen como heraldos de su viable reelección.

Así como una victoria en política se forja con una curiosa mezcla de aciertos personales y deslices del contrincante, creemos que en esta ocasión el camino de Obama ha sido allanado más por los errores de sus adversarios republicanos. El primer factor, es la batalla descomunal y millonaria que los republicanos vienen presentando en sus elecciones primarias, la que nos deja la sensación de un partido fragmentado y polarizado, que difícilmente podrá cimentar una unión creíble.

El segundo factor que engrosaría el respaldo a Obama, pareciera ser la agresiva campaña que desde sus cuarteles, se lanzaría por conseguir el voto femenino. Esta campaña combina con astucia la reforma de salud con el acceso gratuito a métodos anticonceptivos, incluso se ha llegado a proponer desde sus fueros más liberales, la inclusión del aborto como política de estado.

La tercera vía por la que Obama transita con mucha más placidez, es el predecible endose electoral que la comunidad latina infundiría a la campaña de Obama, pues es bastante conocida la posición de la mayoría republicana sobre inmigración. Se trata del mismo discurso radical y torpe que los llevó a perder las elecciones pasadas en estados con amplia mayoría latina como Florida, incluso Mitt Romney, el republicano con más opciones de ganar las primarias demócratas, dejó claro que la reforma migratoria de Arizona es el ejemplo más pertinaz para conseguir un rotundo éxito en el combate a la inmigración ilegal, osea mano dura y si no deportación. Más claro, imposible.

Mitt Romney, si bien tiene las mejores opciones para hacerse con la nominación republicana, tiene muchas debilidades que sabiamente serán atacadas por los demócratas. Es multimillonario -eso no pareciera un problema en la tierra del emprendimiento y de la moral puritana-, pero desde que algún enemigo político con tantísima astucia, decidiera publicar su declaración de impuestos y nos enteramos que su fortuna ronda los 250 millones de dólares, costará mucho que Romney convenza al elector de su identificación con el trabajador promedio norteamericano. Hay quien podría decirnos que Obama tampoco es un self-made-man, total proviene de familia acomodada de Hawai y fue estudiante de leyes en Harvard, pero al menos tiene la sabia costumbre de tomarse fotos comiendo hamburguesas o yendo de shopping en supermercados.

Un candidato sumamente interesante a estudiar, es el republicano católico, Rick Santorum proclamado como el único candidato auténtico conservador de EEUU y cuya campaña ha intentado abordar los problemas sociales más álgidos para el ciudadano pobre, e incluso se ha atrevido a hablar de justicia social, imagínense como se habrán puesto algunos capitalistas en Wall Street. Si bien Santorum ha tenido relativos éxitos en las elecciones primarias de los estados más conservadores de Carolina del Sur, Alabama y más recientemente en Lousiana, no sabemos si le alcanzará para el último tramo, pues Romney mantiene una firme ventaja de más del doble de delegados, una amplia delantera de 568 delegados frente a los 273 de Santorum, de acuerdo con un conteo de The Associated Press, necesitando 1144 delegados para conseguir la nominación en la Asamblea que se realizará en Tampa, Florida.

Santorum es un candidato que ha sido vinculado al Opus Dei por su cercanía al padre C. John McCloskey y su abierta admiración por San José María Escrivá, a cuya canonización asisitó en Roma. Firme combatiente contra los males que contrarían la naturaleza humana, como el aborto o las uniones homosexuales, mantiene una defensa que no es retórica pues, desde que perdiera a uno de sus hijos con sólo 2 horas de nacido, se comprometió decisivamente con esta causa en 1996. En los pasillos de Washigton se recuerda como fustigó con dureza a John F. Kennedy, pues recuerda bien que JFK, para desprenderse de las críticas a sus creencias, proclamó “creo en una América en la que la separación entre Iglesia y Estado es absoluta”. Además es público que el clan Kennedy, de la mano de Ted Kennedy ha decidido apoyar la candidatura de Romney.


Pese a todo, el voto católico en EEUU es una cuestión altamente compleja, Obama gozó de una ligera mayoría del voto católico pese a sus polémicas posturas en temas como el aborto y el matrimonio homosexual; y a pesar que los sectores más conservadores e incluso los pastores protestantes más ortodoxos han decidido votar por Santorum, es Mitt Roomney quien sorprendentemente obtiene la mayoría del voto católico en las primarias republicanas. Las encuestas demuestran que hasta el voto católico tiende a inclinarse frente a la mejor propuesta económica y laboral, lo que no sólo habla de la fragilidad de las convicciones morales frente a los temas domésticos, sino de la peligrosa secularización que ha experimentado el ciudadano católico norteamericano en los últimos decenios. Salvo un imprevisible giro de timón,  será Mitt Romney quien llegará a enfrentar a Obama quien, insistimos,  comienza esta maratón, con una ventaja ligera, más que por fortalezas, por las flaquezas de sus opositores.

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